Steaua 2 – Standard 1

Steaua 2 – Standard Lieja 1 (23 agosto de 2006)

Estadio Nacional Lia Manoliu, 45.000 espectadores.

Ronda previa de
la Champions League 2006 -2007, partido de vuelta.

IDA: el Steaua había logrado un valioso 2-2 en Bélgica, con goles de Paraschiv (un golazo) y Petre Marin. Por el Standard marcó el mejor jugador del partido, Rapajc. Hacía 10 años que un equipo rumano no se clasificaba para
la Champions.

 

Banyo y yo llegamos al estadio unos 20 minutos antes de empezar. Sorprendentemente, las puertas de nuestras gradas estaban cerradas a cal y canto, y las fuerzas de seguridad nos decían desde dentro que por orden directa de los organizadores del partido, no podía entrar nadie más. Era evidente que se habían vendido demasiadas entradas y había peligro para la seguridad si entraba alguien más.

 

Delante de nuestra puerta se agrupaban unas 15 personas. Durante más de media hora gritamos, protestamos, incluso intentamos razonar con el policía. ¿Qué suponían 15 espectadores más entre los 10.000 que ya estaban dentro? Había un chaval totalmente desesperado, llorando, gritando contra la policía, fuera de sí. El resto de la gente, nosotros incluidos, estábamos entre la tristeza más absoluta y la indignación. El partido ya había empezado y, a los pocos minutos, nos enteramos de que el Standard había marcado el 0-1.

 

 

 

Ya se llevaban jugados más de 15 minutos cuando descubrimos que a través de otra puerta (de Tribuna I y no de Fondo) se estaba permitiendo el acceso al estadio a los pocos aficionados que quedábamos fuera, independientemente del tipo de entrada que teníamos. Conseguimos entrar al fin, y comprobamos de primera mano la magnitud del overbooking: todas las gradas estaban totalmente llenas, con la gente de pie, las escaleras de acceso estaban también repletas y arriba del todo se agolpaban centenares de seguidores que no podían ni acercarse a las gradas. Nosotros nos situamos con ellos, arriba del todo, y mal que bien pudimos ver el partido entero.

 

En medio de aquel ambiente bestial, no tardamos ni un minuto en olvidar completamente lo mal que lo habíamos pasado en los accesos y nos metimos en el partido al instante.

 

Minuto 20, 0-1. El Steaua dominaba el centro del campo gracias al excelente trabajo de Lovin y, sobre todo, Paraschiv. El balón se movía con criterio, y llegaba a la línea de ¾, pero arriba el Steaua se mostraba muy inocente para crear ocasiones claras de gol.  Hasta el minuto 35. Dica cede un balón para Badea y el joven jugador marca un auténtico golazo desde la frontal del área. 1-1 y ventaja en la eliminatoria para el Steaua.

 

La locura en las gradas. Banderas estelistas al aire y a disfrutar del momento.

 

La segunda parte fue aún más cómoda para los bucarestinos. Defendiendo bien en la línea media y saliendo a la contra, el Steaua creó oportunidad tras oportunidad. A la primera, Badea, a pase de Nicolita, volvió a hacer lo más difícil y resolvió con maestría una rápida contra. Era el minuto 6 de la segunda parte. El resto del partido fue una auténtica fiesta, con una sucesión de ocasiones falladas por el Steaua (hasta cuatro clarísimas marró Cristocea, ¡qué malo es ese tío!) y el Standard sacando de paseo su impotencia (expulsión de Sa Pinto en el minuto 82).

 

En los últimos minutos la grada se fue calmando, en parte temiendo un gol intempestivo de los belgas (el rumano es pesimista por naturaleza, y tiene motivos para ello) y en parte cogiendo aire para el estallido que habría de producirse una vez terminado el partido.

 

Porque cuando el colegiado francés Vautrot señaló el final, la euforia se desbordó. Volvieron a relucir las banderas “rosi-albastri” (roji-azules) y los cánticos abrasaron las gargantas de la afición. Durante unos 20 minutos nos quedamos disfrutando de ese ambiente tremendo; lo más impresionante fue cuando, desde todas las gradas, se empezó a prender fuego a papeles como si de antorchas se tratase, para iluminar a los héroes del Steaua, encabezados por Badea y Paraschiv.

 

Mientras tanto, desde el Fondo Norte un espectáculo pirotécnico preparado por la directiva añadía más color a los fastos de la celebración.

 

Unas fotos ilustrarán esos momentos mágicos de una noche de verano en Bucarest.

 

 Arde el Lia Manoliu

Arde el Lia Manoliu

 

Arde el Lia Manoliu

Yo en
la Liga de Campeones

 

Banyú en
la Liga de Campeones

Las primeras antorchas se encienden en mi grada, junto a las banderas roji-azules

 

El Estadio Nacional Lia Manoliu después del partido. Sólo quedaban los belgas.

Esa misma noche la fiesta se extendió por toda la ciudad. Las bocinas de los coches resonaban por las calles más céntricas de Bucarest. En la parada de metro, unos centenares de aficionados hicimos el “pasillo” al metro, aclamando ruidosamente su llegada a la estación. En Piata Universitatii, lugar de celebración de los éxitos estelistas,  volvió a reunirse una gran multitud, mientras coches rebosantes de gente daban vueltas en torno a la plaza. Allí mismo, enfrente del Teatro Nacional, un exaltado gritaba e increpaba a su propio perro, al que había vestido con los colores del Dínamo de Bucarest (los “Perros Rojos”).

 

Banyo y yo subimos a tomar unas cervezas con los españoles en
la Motoare (cervecería al aire libre en la azotea del Teatro Nacional). Hacía calor y la noche era muy agradable.

Tras las huellas de Brancusi: Targu Jiu (I)

El día 2 de septiembre, sábado, Banyú y yo cogimos nuestra mochila y cogimos el tren a Targu Jiu, pequeña ciudad al suroeste del país, cerca de la frontera con Serbia.

Targu Jiu no es ni especialmente grande, ni fea, ni bonita ni cosmopolita ni tiene ninguna característica especial o llamativa. Si está en el mapa, y por allí hasta se acerca de vez en cuando algún turista (aunque no muchos), es por obra y gracia del gran Constantin Brancusi.

 

Este hombre de barba venerable y mirada poderosa ha sido uno de los grandes escultores del siglo XX, así como el artista plástico rumano más reconocido internacionalmente de todos los tiempos.

Nació en un pequeño pueblo de la provincia de Gorj, y aunque desarrolló gran parte de su carrera en Francia (tuvo la desgracia de morir lejos de la dulce patria, exiliado por causa del infame régimen comunista que asolaba Rumanía), regaló a la ciudad de Targu Jiu sus mejores esculturas al aire libre.    

La ciudad es extremadamente tranquila, al caminar por sus calles se hace difícil creer la cifra de casi 100.000 habitantes que tiene.

Llegamos a la estación de tren cuando ya atardecía, tras un viaje de 4 horas y media. Caminamos dirección al Parque Brancusi, en el corazón de la ciudad. El paseo fue agradable; fotografiamos una estatua del líder “panduro” (guerrillero) Tudor Vladimirescu, héroe y mártir de la efímera revolución rumana de 1821.

Tudor Vladimirescu

En el Parque Brancusi se halla el conjunto escultórico formado por la “Puerta del Beso”, la “Avenida de las Sillas” y la “Mesa del Silencio”. Entrando desde el centro, nos encontramos en primer lugar la Puerta del Beso, y unos 50 metros más al oeste la “Mesa del Silencio”, a la que se llega recorriendo la “Avenida de las Sillas”, formada por 5 hileras de 3 sillas a cada lado (un total de 30 sillas). Tras la Mesa del Silencio hay una laguna artificial, alimentada con las aguas del río Jiu.

La Puerta del Beso, de da   Avenida de las Sillas   Nosotros y la Mesa del Silencio

El parque es uno de los lugares más bucólicos y mejor cuidados de Rumanía. El conjunto escultórico luce con sencillez y contagia la magia de su belleza a los jardines adyacentes. Los habitantes de Targu Jiu mantienen una relación especial con la “Puerta del Beso”; algunos se acercaban a esa escultura para ellos tan familiar y la acariciaban con ternura. 

Targujiuenses en la Puerta del Beso

Cuando llegamos al parque (ya se había puesto el sol) la luz decadente de la tarde envolvía en un halo de misterio el conjunto escultórico; o más bien el misterio parecía emanar de la piedra y añadía a los acostumbrados colores del anochecer un ingrediente remoto y perdido.

La Laguna   Mesa del Silencio   Puerta del beso

En otras palabras, que aquello era muy bonito.    

Como ya era noche, pospusimos la visita a la segunda obra maestra de Brancusi, la “Columna del Infinito”, una de las obras cumbre en la historia de la escultura.

Buscamos un Hotel. La Lonely Planet recomendaba un cierto “Hotel Sport”, no muy lejos del parque, hacia donde nos dirigimos. No iba a ser fácil. Pese a las indicaciones claras de la Lonely, nos parecía imposible que existiera un Hotel en el lugar donde nos adentrábamos. Cruzamos una puerta vallada y preguntamos a un segurata. Nos dijo que el hotel estaba por allí, que había que cruzar otra verja por una puertecita medio escondida, y a mano derecha.

En efecto, allí estaba el Hotel. Es decir, estaba el Estadio Municipal, porque el Hotel lo habían montado dentro del estadio, encima de la Tribuna. Entusiasmados ante la idea de dormir en el estadio del Pandurii Targu Jiu (equipo de la primera división rumana), penetramos en el edificio. La recepcionista, muy amable, nos dijo que el hotel estaba lleno (!), así que nos quedamos más tirados que el Pandurii en la clasificación de la liga rumana.   

TOTAL  
1 Dinamo 9 9 0 0 19-5 27 +15
2 Steaua 9 6 2 1 16-4 20 +5
3 CFR Cluj 9 6 1 2 21-9 19 +7
4 Otelul 9 6 0 3 15-10 18 +6
5 Rapid 9 4 4 1 11-7 16 +1
6 Poli Tm. 9 4 3 2 8-5 15 +0
7 Poli Iasi 9 4 3 2 12-10 15 +3
8 Gloria 9 4 1 4 11-6 13 +1
9 UTA 9 4 1 4 9-10 13 -2
10 Ceahlaul 9 4 1 4 7-10 13 +1
11 Urziceni 9 4 0 5 8-10 12 +0
12 Farul 9 3 2 4 11-12 11 -1
13 Pandurii 9 3 1 5 7-11 10 -5
14 National 9 2 1 6 8-14 7 -5
15 Jiul 9 1 3 5 5-10 6 -9
16 Craiova 9 1 3 5 9-23 6 -9
17 Vaslui 9 1 2 6 7-19 5 -10
18 Arges 9 1 0 8 5-14 3 -12
ACASA
4 0 0 7-1 12
4 1 0 12-3 13
3 1 0 11-2 10
3 0 1 7-4 9
4 1 0 9-4 13
3 2 0 5-1 11
3 1 0 4-1 10
3 1 0 9-1 10
2 1 2 3-5 7
3 0 1 5-4 9
3 0 1 6-2 9
1 1 2 4-4 4
3 1 1 6-5 10
2 0 2 6-6 6
1 1 3 4-5 4
1 2 2 6-10 5
1 1 3 6-11 4
0 0 5 2-8 0
DEP
12-4 15
4-1 7
10-7 9
8-6 9
2-3 3
3-4 4
8-9 5
2-5 3
6-5 6
2-6 4
2-8 3
7-8 7
1-6 0
2-8 1
1-5 2
3-13 1
1-8 1
3-6 3

Volvimos sobre nuestros pasos hacia el centro. Probamos suerte en un hotel que tenía muy buena pinta, y además estaban celebrando una boda rumana en uno de sus salones (con lo que esto implica de caos y diversión). En la recepción se encargaron de dejarnos bien claro, a base de indirectas, que no éramos bienvenidos a causa de la boda. Nos fuimos, claro.

Como ya era noche cerrada y estábamos un poco hasta las narices, nos dirigimos al “comodín” de Rumanía: El típico hotel comunista enorme, feo, céntrico, sencillo y caro para lo que ofrece. Lo hay en todas las ciudades de cierto tamaño, y Targu Jiu no iba a ser una excepción. Pagamos algo menos de 40 € por una habitación doble en el Hotel Gorj, situado a apenas unos 50 metros de la “Puerta del Beso”.   

Hotel Gorj

 (Continuará)

 P.D: Gracias a Banyú por sus consejos. Él hace de este espacio un lugar mejor-

Más allá

Siempre me han atraído los lugares remotos, perdidos, en medio de la nada más absoluta, donde es imposible reconocer algo de aquello a lo que estamos acostumbrados en nuestra vida diaria. He intentado ir cada vez un poco más allá, para experimentar ese placer extraordinario de sentirse perdido, ilocalizado, aislado, ajeno al mundo, allí donde no puede llegar nada de mi trabajo ni de mi vida ni de todo lo que conocemos, nos guste o no.

Ningún otro lugar me ha proporcionado mayor ración de exotismo que la República de Moldavia. Un país muy especial y altamente recomendable, especialmente para quienes hablen ruso o rumano y puedan comunicarse con la gente (y de paso sorprenderse con su amabilidad).

Os dejo unas fotos de mis viajes de abril y agosto. Y si a alguien le pica la curiosidad y quiere conocer esas tierras, que sepa que estoy deseando volver con más tiempo y tranquilidad.

p1011822.JPG     p1011146.JPG     p1011113.JPG     El fin del mundo (II)     El fin del mundo   

Próximamente publicaré en este blog mis diarios de viaje.

Celta 0 – Aston Villa 1

Este post es el primero de la serie “Partidos del siglo”, dedicado a los partidos que más me han emocionado en mi vida como espectador de fútbol de élite.

Corría la temporada 98/99. Era la segunda participación del Celta en UEFA (en la temporada 71/72 nos había eliminado el Aberdeen en primera ronda). Ya habíamos eliminado al Arges Pitesti rumano sin ningún problema (0-1 y 7-0).

Pero la segunda ronda no iba a ser tan fácil. El bombo nos había premiado con uno de los rivales más complicados: El Aston Villa de Stan Collymore, que por entonces era líder en solitario de la Premier League y destacaba por su extraordinaria defensa, que sólo había concedido 4 goles en lo que se llevaba de temporada. La ida, en Balaídos.

El partido se jugó la noche del martes 20 de octubre de 1998 en Balaídos, delante de 28.000 espectadores. Victor alineó a un once cuyo recuerdo seguramente emocione a más de un celtista: Dutruel; Míchel, Cáceres, Djorovic, Josema; Mazinho, Makelele; Mostovoi, Revivo, Karpin; y Penev. El Aston Villa oponía un once físico, en el que destacaban el central Southgate y el gigantón Collymore.

La noche era agradable, no demasiado fresca, y no llovía. La afición llenaba el estadio bastante antes del comienzo, lo que no es en absoluto habitual en Vigo. El ambiente era espectacular, y a la vez nuevo, como si estuviéramos descubriendo nuestras propias emociones ante la UEFA, que tanto habíamos deseado y que pensábamos casi irrepetible.

El Celta de la 98/99 era un equipo extraordinario y lo demostró en el campo. Mazinho y Makelele arrollaban al centro del campo inglés; los mediapuntas movían el balón a velocidad de vértigo y el gran Djorovic convencía a los delanteros rivales de la inutilidad de intentar presionar a los centrales rivales.

Desde la grada no tirábamos del equipo, respirábamos con él, éramos uno con él y era el equipo el que siempre tomaba la iniciativa, jugando, creando, buscando la belleza del juego, y nosostros rompíamos las manos a aplaudir a cada jugada de calidad; agradecíamos el espectáculo sensacional de nuestros futbolistas, gritando, animando, coreando, y cada cierto tiempo nos mirábamos en la grada, incrédulos, e instintivamente nos echábamos las manos a la cabeza.

Porque la primera parte fue muy buena. Tremenda. Un auténtico partidazo. Nos fuimos al descanso aturdidos, en ese estado de shock que se sufre ante una impresión fuerte de cualquier tipo. El Aston Villa había marcado, 0-1, en el minuto 15, gol a la contra que marcó Joachim a pase de Collymore. Eso era lo de menos. Poco nos importaban los goles rivales en aquellos tiempos, el Celta parecía un equipo capaz de remontar en cualquier momento.

La segunda parte fue bestial, bestial, increíble. Los mejores 45 minutos que he visto nunca al Celta. Pisábamos el área constantemente, a veces dábamos 4 ó 5 pases dentro del área, ante la impotencia de los centrales rivales, sólo para fallar clamorosamente ocasión tras ocasión. En una subida de Michel Salgado, pasó en corto el balón a Mostovoi, que lo dejó pasar a Karpin, que lo dejó pasar a Penev, que lo dejó pasar a Mazinho, que remató ante el desconcierto de la defensa del Aston Villa ante las tres fintas consecutivas. Hermosísima jugada de equipo. El balón salió fuera.

En los últimos minutos entraron Sánchez, Tomás y Cadete, que llevaron todavía más peligro al área rival. Karpin se colocó en el lateral derecho, como solía disponer Víctor cuando había que remontar. El buen juego siguió hasta el final de los 90 minutos, sin ninguna concesión a los nervios de los minutos finales, creando ocasiones y fallando en el remate hasta el último minuto.

Acabó el partido y la gente se puso en pie, aplaudiendo a rabiar y coreando el “Celta! Celta!”. Se me puso la carne de gallina y me sentí más orgulloso que nunca de mi equipo. La gente se resistía a abandonar el estadio, y miraba al cesped de Balaídos con una sonrisa melancólica, pensando en lo bonito que había sido la experiencia europea y lo triste de que acabase tan pronto… A no ser que, a fin de cuentas, volviéramos a enseñarles a los líderes de la Premier lo que es el fútbol, en la vuelta, y esta vez sí los rematásemos.

Pero esa noche volvimos a casa con la confirmación de lo que ya sabíamos: El Celta es el equipo que mejor sabe perder. Y que derrotas como esa, con lo dolorosa que fue, valen más que muchas victorias.

Ojalá algún día vuelva a ver perder al Celta de aquella manera!

Un rival a la altura: El gran Stan Collymore

El gran Stan Collymore

Fusilamiento de Ion Antonescu

Curioso destino el del general Ion Antonescu

Un blog

Hoy es el día mundial de los proyectos, día 1 de septiembre, y quien no empieza a estudiar alemán se compra el primer fascículo de la colección de batallas navales de la Segunda Guerra Mundial o abandona la ingesta excesiva de chocolate con la (efímera) intención de perder algún superfluo kilogramo…

Y quien no, abre un “weblog” como este, en el que dar rienda suelta a la vocación artística (fotográfica) o literaria que todos tenemos y que esperaba un soporte adecuado para liberarse y abrirse al mundo.

Qué puede esperarse de este blog? Os diré lo que yo espero. Espero saber transmitir esa capacidad que tengo de sorprenderme cada día de lo que veo en el mundo (ojalá no la pierda nunca). Y espero disfrutar escribiendo y publicando algunas fotos de vez en cuando.

Y hoy, por ser el primer día, no voy a continuar. 

Hasta pronto, espero!